FRACASÓ EL DEBATE POR LA PARIDAD DE GÉNERO EN EL CONCEJO DELIBERANTE DE RÍO GRANDE

Río Grande 10 de mayo de 2022
Ayer se realizó en el Centro Cultural Yaganes de Río Grande, el debate sobre el proyecto de paridad de género para el Concejo Deliberante, donde más de treinta mujeres oradoras pertenecientes a diversos colectivos, agrupaciones feministas, sociales, culturales y partidos políticos hablaron sobre el tema. Sin embargo el debate fracaso porque no hubo dictamen de comisión y hasta el momento no será tratado en sesión por los ediles.
Vero Andino

En este sentido, Verónica Andino, de la Multisectorial de Derechos Humanos, manifestó que “ todos los que hablaron se pronunciaron para las cámaras, Paridad Si, y no paridad Ya, como planteamos nosotras por ejemplo” y argumentó que tras retirarse el presidente del Concejo Deliberante y luego otros concejales y adeptos a esos espacios políticos  “ fue una falta de respeto porque estuvimos casi ocho horas argumentando, sosteniendo una posición consensuada entre un montón de colectivas, con todo lo que eso significa, porque a las mujeres también nos cuenta mucho discutir para adentro con todas las diferencias y acuerdos que tenemos, pero estaba por encima la paridad de género”.
En tanto, afirmó que “primero faltaron a su palabra y luego nos quedamos todas con la sensación de que siempre pasa lo mismo, porque nos tenemos que quedar atragantadas porque no te escuchan, no te respetan o pareciera que somos locas e improvisadas”.
Andino sostuvo que “tienen tiempo hasta hoy al mediodía para firmar el dictamen, podrían haberlo hecho y después modificar lo que querían en la sesión del día 12” concluyó.   
Por su parte el concejal de FORJA,  Javier Calisaya había expresado que fue una “jornada muy rica en cuanto a contenido, es muy importante la participación plural y diversa que se dio, más allá de las diferencias que hay en relación al texto de la ordenanza, pero si hay un consenso en el que la paridad tiene que ser votada”. A su vez, la concejala Miriam “Laly”Mora expresó que “teníamos un compromiso con las organizaciones esperando recibir todas las modificaciones para esta comisión del 9 de mayo para salir con un dictamen firmado, no han cumplido con la palabra, desde el Ejecutivo mandaron modificaciones pero los concejales no, entonces no nos queda tiempo de saber cómo abordar el texto definitivo para tener una norma”, señaló la concejal de Forja, “Laly” Mora y afirmó que hay que avisarle al bloque oficialista “que representa al municipio de Río Grande, que necesitamos paridad”, finalizó.
COMUNICADO DE LA MULTISECTORIAL RIO GRANDE 
La Multisectorial denunció a quienes pretenden usar partidariamente el legítimo reclamo de paridad de género y remarcó la necesidad de que los espacios de poder lo ocupen mujeres con conciencia de clase. 
Desde la multisectorial por los DDHH de Río grande definimos estar presentes en este debate porque entendemos que lo que está en discusión hoy son los derechos políticos de las mujeres, derechos consagrados dentro de los derechos humanos y que sistemáticamente han sido vulnerados a través del tiempo y lo siguen siendo aún en nuestros días. 
La lucha de las mujeres por los derechos políticos tiene su propio recorrido. Históricamente las mujeres fuimos excluidas tanto del voto como de la posibilidad de acceder a cargos públicos. La lucha por el sufragio femenino se remonta al siglo XIX, momento en que se comenzó a reclamar por el voto igualitario. En un principio, el rechazo masculino a que las mujeres pudiéramos votar era muy grande, ya que sostenían que no teníamos los conocimientos necesarios ni la capacidad de decidir sobre el destino del país. Algunos argumentos giraban en torno al bajo nivel educativo que teníamos, no se nos permitía el acceso a las universidades o simplemente el ingreso y permanencia se hacía más complicado por el rol social que debíamos cumplir. En particular, en Inglaterra las mujeres pertenecientes a sectores sociales más acomodados encabezaron la lucha por el voto femenino. La primera conquista llegó en 1918, cuando el Parlamento permitió votar a las mujeres mayores de 30 años que además, cumplieran con ciertos requisitos de propiedad; es decir, fueran de un determinado status social. Durante la primera mitad del siglo XX, en América Latina algunas mujeres también lograron avances en relación a los derechos políticos femeninos. En 1911, en Argentina la médica Julieta Lanteri reconoció que entre los requisitos para las elecciones municipales no se especificaba el género de los electores y se presentó a votar. A diferencia de la mayoría de las mujeres de la época, Lanteri cumplía el resto de los requisitos solicitados: tenía una profesión (a la que había accedido por un permiso especial) y pagaba impuestos. De este modo se convirtió en la primera mujer argentina y sudamericana en acceder al voto. Años más tarde, ante la falta de mención hacia las mujeres en la legislación vigente, se postuló como diputada nacional. 
Por otra parte, Uruguay fue el primer país de Latinoamérica en sancionar el sufragio femenino en 1927 en un plebiscito local, sin embargo, debieron pasar once años para que las mujeres pudieran votar en elecciones nacionales; para ello fue fundamental la lucha de activistas que militaron incansablemente para obtener este derecho. Paralelamente, las mujeres brasileñas accedieron a los plenos derechos políticos en 1934. En casi todos estos casos, la entrada en la esfera política de algunas mujeres -privilegiadas, universitarias- fue el camino para la ampliación de los derechos políticos al conjunto de las mujeres. Estas activistas se organizaron en diversos ámbitos con el fin de alcanzar avances colectivos para todas las mujeres. 
En Argentina, el sufragio femenino se obtuvo recién en 1947. Esta reivindicación histórica llegó de la mano de Eva Duarte de Perón, quien acompañó la presentación del proyecto de Ley en el Congreso y movilizó a las trabajadoras para que se manifestaran para hacer valer sus derechos. El 23 de septiembre de 1947 se sancionó la ley N° 13.010 igualando los derechos políticos de hombres y mujeres. La primera elección que contó con el voto femenino fueron las elecciones nacionales del 11 de noviembre de 1951, en las que las mujeres argentinas no sólo pudieron ejercer su derecho al voto, sino que también fueron electas las primeras legisladoras. 
No obstante, la representación femenina continuó siendo muy minoritaria. Las candidatas a cargos públicos eran muy pocas en relación con los hombres y, cuando había mujeres presentes en las listas, por lo general se encontraban en lugares no expectantes. Por ejemplo, en las elecciones de 1983, las primeras con el retorno de la democracia, las mujeres ocupaban menos del 5% de los cargos de la Cámara de Diputados y sólo un 6% de la Cámara de Senadores. En 1991 se sancionó la Ley de Cupo Femenino la cual implementó que al menos el 30% de las listas de candidates a cargos electorales debía estar ocupado por mujeres. Si bien su aplicación en el Senado se retrasó hasta 2001, esta legislación tuvo un impacto considerable: en 1999 la Cámara de Diputados ya contaba con cerca de un 28% de representación femenina. 
En Argentina, en 2017 se derogó la Ley de cupo femenino para dar lugar a una legislación más progresiva. Gracias a la militancia de muchísimas compañeras activistas y, sobre todo, a la masificación del movimiento feminista, se conquistó la paridad de género en ámbitos de representación política. Este derecho, materializado en la Ley N° 27.412, establece que mujeres y varones deben ser ubicades de forma intercalada en las listas de candidates. 
Por lo dicho anteriormente queda claro que las mujeres a lo largo de la historia hemos tenido que luchar por conseguir el cumplimiento efectivo de nuestros derechos políticos, más allá de que las leyes los reconocen y los otorgan, en la práctica el sistema patriarcal y machista en el que vivimos se encarga de utilizar todos los mecanismos posibles para negarlos. Ha quedado demostrado, con la ley de cupo, por ejemplo, que ni siquiera ese 30 % desigual y minoritario se cumplía efectivamente en el acceso a las bancas, que tener paridad en la conformación de las listas tampoco garantiza la paridad en la conformación de los cuerpos deliberativos y mucho menos la presencia de las mujeres en los espacios de decisión política. 
Las mujeres seguimos siendo minoría en la representación política dentro de los espacios de poder y aquí claramente de lo que se trata es de democratizar esos espacios para dotarlos de pluralidad. No hay posibilidad de tener una plena democracia si las mujeres no estamos representadas en la medida de lo que somos: más Del 50 por ciento de la población. 
Durante estas semanas, por el trabajo y la organización de compañeras de distintas colectivas, hemos asistido en la ciudad a una numerosa cantidad de acciones: charlas, conversatorios con reconocidas mujeres estudiosas del derecho y militantes fervientes por la paridad efectiva, exposiciones de trabajos estadísticos, trabajo minucioso de difusión en las redes sociales. En definitiva: las mujeres nos encargamos de llenar de sentido y de argumentos este debate, de "democratizar el proyecto"; cada uno de los artículos que conforman el proyecto fue explicado, debatido y analizado para que cada une que participó entienda que es lo que está en debate y porque exigimos una paridad real. 
Lamentablemente hemos asistido también a la hipocresía de algunes, de quienes tienen intereses mezquinos, quienes anteponen su voluntad política y utilizan esa voluntad para intentar manipular las herramientas legislativas de acuerdo a su conveniencia y que demuestran claramente que no les interesa lograr la mejor ley, sino sacar algún rédito personal o partidario. Hablar de violación de la voluntad popular implica desconocimiento, en el mejor de los casos, de la forma cerrada y bloqueada que tienen las listas en el sistema electoral de Río grande, se votan listas, no candidates. Los posibles conflictos que se planteen para adentro de los partidos políticos o de los frentes electorales, en relación al lugar que ocupa cada candidate dentro de la lista, deberá estar zanjada al momento de la conformación de la misma, sino se cumple con el requisito de paridad esa lista no podrá ser oficializada. Las listas que sean oficializadas se votan completas.
Las feministas no esquivamos ningún debate, ni para afuera ni para adentro de los feminismos que nos contienen, sabemos que no todo es lo mismo, y que las mujeres seamos electas no alcanza para garantizar los derechos de todos los sectores vulnerabilizados. Muchas veces quienes llegan al poder lo ejercen desde una lógica patriarcal, incluso siendo mujeres y no les tiembla el pulso a la hora de cercenar derechos. Sin ir más lejos en nuestra provincia hubo y hay mujeres que cuando llegan y llegaron a espacios de definición política como gobernadoras, juezas, legisladoras y funcionarias, no dudaron ni dudan en anteponer las mezquindades del poder a garantizar derechos de sus propias congéneres. 
Estos ejemplos no le quitan validez al reclamo de paridad ni mucho menos. Pero desde nuestra organización el compromiso es pelear por espacios de poder para las mujeres y que, a la vez, que quienes lo ocupen lo hagan desde una construcción plural y de respeto de derechos de todes les ciudadanes. 
Venimos a transformarlo todo: venimos por paridad en las listas, en la conformación del cuerpo y en las vacancias del Concejo Deliberante de Río grande, venimos por la transformación de la justicia, exigimos urgente una justicia transfeminista, venimos por la paridad en la legislatura y en los concejos de Ushuaia y Tolhuin, venimos por la conducción de los partidos políticos, por los sindicatos, por los clubes, por las asociaciones barriales, por encabezar las listas de candidates en cada elección. 
Porque sabemos que sin ESI no hay ni una menos, exigimos inversión y definición política para la aplicación real de la ley de educación sexual integral que lleva 15 años de ser sancionada y aún no se aplica de manera transversal y efectiva en el sistema educativo. Porque conquistamos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, exigimos que el estado garantice la aplicación efectiva ya de la Ley de interrupción voluntaria del embarazo. 
A les compañeres del colectivo LGBTIQ + les decimos: ustedes saben que somos parte de la misma lucha, que les abrazamos amorosamente y que esto recién empieza, que este es solo el primer paso y que estaremos unides como siempre, dispuestes a arrancar los derechos que nos faltan.
Las mujeres hemos llegado al siglo XXI con la sabiduría heredada de nuestras ancestras, con la presencia viva de las que ya no están, con la esperanza y la rebeldía de les jóvenes, y con la firme convicción de construir un mundo más justo para las infancias y niñeces, para quienes nos van a preceder y heredarán nuestras luchas. Señoras concejalas, señores concejales, por nosotras y por todes, ¡paridad ya!

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